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Agosto en Hannah Formentera, la eterna sobremesa en el mes más lento del año

El hotel y restaurante de la playa de Migjorn propone otra manera de vivir el pico de la temporada: una mesa frente al mar y ninguna prisa por levantarse

Formentera, 18 de agosto de 2026. Agosto llega con prisa a Formentera. Los ferris atracan llenos, las calas se ocupan antes del mediodía y las vacaciones se comprimen hasta que, sin avisar, ya es septiembre. En la playa de Migjorn hay un lugar que va justo al revés.

Hannah Formentera, hotel y restaurante, lleva desde su apertura defendiendo una idea sencilla: que lo mejor de una comida ocurre cuando ya se ha retirado el último plato. La sobremesa, ese rato español sin traducción posible, es aquí el plato principal. Se entra a comer y se sale cuando la luz ha cambiado de color.

El escenario ayuda. El restaurante está en primera línea de la playa de Migjorn, con la arena a unos metros y el Mediterráneo ocupando todo el horizonte. Alrededor, el hotel boutique de 18 habitaciones que Víctor Agudo y Óscar Romero abrieron en 2025 en Es Arenals, con su mobiliario vintage rescatado pieza a pieza en el Rastro de Madrid y otros anticuarios y esa paleta de colores vivos, con el rojo al mando. Un espacio inclasificable, en sus propias palabras.


El mar, primero en la red y luego en la mesa

Al frente del restaurante está Alberto Pacheco, formado junto a Rafa Zafra y con paso por el madrileño Estimar. Su carta empieza cada mañana en el agua: la langosta llega directamente de las redes del llaüt La Maja y de las embarcaciones tradicionales que faenan frente a la isla, siguiendo la tradición pesquera pitiusa, sin intermediarios de por medio. Pescados de roca, marisco y muy poca intervención.

De ahí salen platos que invitan precisamente a quedarse: Arroz a banda de Rotja y Gallo San Pedro con salsa bullit, Langosta al ajillo con patatas y huevos fritos, Quisquilla de Motril hervida o la Ventresca de atún de Barbate. Nada que se coma con prisa. Y una carta de vinos larga, con referencias de primer nivel mundial, pensada para que la botella dure lo que dure la conversación.

Después, la sobremesa se traslada sola. Del comedor al bar, del bar a la terraza, y de la terraza a una de las puestas de sol más admiradas de Formentera, que en Hannah cae justo enfrente. A esa hora ya nadie mira el reloj. Que es, en el fondo, de lo que iba agosto.

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